Un joven y sonriente Raúl Barboza, de pelo negro, improvisa una zapada tan mágica como enloquecida con Hermeto Pascoal en un patio de tierra. Es un archivo casero, de enorme valor testimonial, a dúo de acordeones. En otra escena Raúl Barboza visita a Renato Borghetti en “La Fábrica de Gaiteiros”, en Rio Grande do Sul, y luego se junta a tocar con otro amigo gaúcho, Luiz Carlos Borges; en el medio, los brasileros le cantan el cumpleaños como si le cantaran al maestro. Y el maestro agradece llevando sus manos hacia el pecho.